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No me reconozco en el espejo. Y nadie me dijo que eso iba a pasar.

Mi cuerpo cambió y no sé si es temporal o si esta soy yo ahora. Lo que nadie te cuenta del postparto no es solo el peso — es todo.

6 min de lectura

Sabía que mi cuerpo iba a cambiar.

Leí sobre eso. Vi videos. Me preparé mentalmente — o eso creí. Durante el embarazo no me estresaba porque tenía sentido. Estaba creando vida. Cada kilo, cada estría, cada cambio tenía un propósito.

El problema no fue el embarazo.

El problema fue después.


Nadie me dijo que la lactancia no le baja de peso a todo el mundo.

Spoiler: a algunas nos sube.

Y nadie te prepara para eso. Para el cuerpo de después. Para el estómago que se queda ahí, caído, diferente. Para las estrías que aparecieron y que no se van con crema de cocoa ni con buena actitud.


La primera vez que me probé mi ropa vieja fue el primer golpe real.

Me entraba. Pero me apretaba. Todo se sentía diferente — como si fuera ropa de alguien que ya no soy. Y me quedé ahí parada frente al espejo mirando a una persona que no reconocía.

¿Dónde estoy yo?

Porque esa del espejo no soy yo. No es la que recuerdo. No es la que conozco. Es otra persona. Con otro estómago. Con otro cuerpo. Con otra cara.


Y no es solo el peso.

Es que no tengo tiempo de arreglarme. No puedo bañarme tranquila. No puedo peinarme con calma. No puedo ponerme algo bonito porque ¿para qué? Si no salgo. Si nadie me ve. Si yo tampoco quiero verme.

Es la inseguridad que crece cada día.

Es vestirte rápido para no mirarte mucho. Es evitar el espejo del baño. Es no querer fotos. Es no hablar del tema con nadie — ni amigas, ni pareja, ni mamá. Porque no quieres escuchar “ay, pero diste a luz, deberías estar agradecida.”


Y lo estoy.

Estoy agradecida. De verdad.

Porque gracias a este cuerpo que no reconozco — mi bebé está aquí. Sana. Salva. Perfecta.

Y esas dos cosas tienen que convivir. Porque toca.

No me gusta lo que veo en el espejo. Y estoy agradecida por lo que mi cuerpo hizo.

Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. Y nadie te dice que eso es posible — sentir las dos cosas a la vez y que ninguna cancele a la otra.


Dicen que el cuerpo vuelve a ser el mismo después del primer año postparto.

Wowww.

Un año. Un año entero sin reconocerte. Sin hallarte. Sin saber si esta eres tú ahora o si esto es temporal.

Y mientras tanto, ¿qué?

Mientras tanto caminas por tu propia casa evitando espejos, probándote cosas que no te quedan, y fingiendo que no te importa.


No sé si voy a volver a ser la de antes.

No sé si este cuerpo es temporal o es la nueva yo. Solo el tiempo me lo dirá.

Lo que sí sé es que no soy la única que se para frente al espejo y no se reconoce.

Y que si tú estás leyendo esto con tu pijama de hace tres días, con el pelo recogido porque no te lo lavaste, mirando tu estómago y pensando “¿esto es para siempre?”

— no estás sola.

Yo tampoco me hallé hoy. Pero aquí seguimos.

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